| Da Jandras

Todo aislamiento es un suicidio

Yanet Aguilar Sosa

El Universal

Viernes 07 de agosto de 2009

En el escritor Leonardo Da Jandra ya no hay nostalgia por el paraíso perdido que durante más de 20 años habitó en Cacaluta-Huatulco. Dice a KIOSKO que todo se trató de una etapa egocéntrica que lo mantuvo aislado de la civilización y en contacto total con la naturaleza, pero cuya salida le ha permitido acceder a una segunda etapa, la sociocéntrica, que significa que “si no das y no ayudas, no evolucionas”.

El autor de la trilogía costeña integrada por Huatulqueños, Samahua y La Almadabra asegura: “Ya no creo en la evolución individual y aislada, creo que todo aislamiento es un suicidio; eso es lo que estoy vislumbrando de mi experiencia actual en Oaxaca; ahora no miro al pasado, aunque eche de menos la pesca, pero sé que regresaré al mar, ya no a Huatulco, estoy buscando otros lugares”.

Sus casi 20 años de vida en Cacaluta-Huatulco, Oaxaca, dejaron en Leonardo Da Jandra varias reflexiones filosóficas sobre Eros y Tánatos, sobre la naturaleza humana, la sacralidad y los ritos, sobre la utopía, el poder, la historia; sobre lo que él llama la “presentaneidad”, la “preteridad” y la posteridad; sobre los tres elementos de su inquietud filosófica sociocéntrica: lo bello, lo verdadero y lo bondadoso de esta nueva fase donde ha encontrado a amigos entrañables como el pintor Francisco Toledo y proyectos como la editorial Almadía.

El narrador que recientemente ha publicado La gramática del tiempo y Zoomorfías (Editorial Almadía) -con las que cierra el ciclo sobre su utopía huatulqueña- reconoce que en Oaxaca junto con su esposa la pintora Agar, está viviendo la fase de convivencia porque hay una potencialización que no existía en Huatulco donde, según él, la naturaleza es prodigiosa pero la sociedad es terrible, envidiosa y depredadora.

La grandeza de lo mínimo

En esta etapa sociocéntrica vive con las enseñanzas que le dio su fase egocéntrica; por ejemplo, se exige lo que él llama la grandeza de lo mínimo. “Creo que la medida de la evolución del hombre lo da la cantidad de basura que produce, ve a cada casa y descubrirás quién es ese individuo en la basura que tiene. En Huatulco aprendí a no profanar, a no contaminar, a satisfacerme con lo mínimo; voy a pescar y a matar lo mínimo que necesito y luego a agradecer. Eso que es una medida de eficacia es además una medida de autodeterminación y de autosustentabilidad pero sobre todo la conciencia del mínimo daño”, afirma.

En el mar y en la selva Leonardo Da Jandra aprendió que “todos conllevamos en nuestra evolución a los diferentes humanos” y cuando no hay conciencia y autoconciencia “es muy fácil que aflore en nosotros el zopilote o el felino o la víbora”. Da Jandra asegura que los seres humanos consideran a la naturaleza como algo virtual que ven a través de una pantalla en la televisión o de cine, pero en la vida real el ser urbano siente la naturaleza como el mayor enemigo.

Mientras en La gramática del tiempo el escritor filosofa sobre Eros y Tánatos, sobre la mentira del fin de las ideologías, las utopías y la historia, en Zoomorfías reúne nueve antifábulas que tienen las proporciones de los mitos pero en realidad excavan en las profundidades del ser humano; son antifábulas porque no hay moralejas, hay duras lecciones de vida protagonizadas por animales salvajes, aves de rapiña, presas y predadores que adquieren cualidades humanas.

“Lo que nos permiten ver -desde esta perspectiva mítica y profanadora del turismo en la actualidad- es que el enemigo nunca está afuera, el verdadero enemigo vive dentro. Todos llevamos adentro un pinche enano panista agazapado”.

Luego de su fase egocéntrica donde Da Jandra tuvo la oportunidad de conocer su ser más íntimo en contacto con la naturaleza, y de su estancia en la fase sociocéntrica en Oaxaca de mayor convivencia con los otros, el narrador chiapaneco ---que es considerado autor de una obra llena de brío y en constante reto con los límites del lenguaje---, espera acceder a la fase cosmocéntrica, tema sobre el que escribe en la actualidad.

Está convencido que mientras el hombre viva no habrá fin de nada, ni de utopías, ni de la historia, ni de las ideologías. “Nos estamos renovando constantemente. Hay que entender que no somos iguales por naturaleza, la única igualdad que tenemos es constitucional, a nivel político, y jurídica, a nivel de derecho; lo que sí funciona es la utopía mínima que llevamos sin importar el espacio-tiempo, en la ciudad, en el desierto, en la selva en la montaña, es la pulsión deseante”.

Reconoce que el 90% de la gente no tiene voluntad sobre su vida, cuando sale a los espacios naturales dadores de vida llega a reventarse, a sembrar basura, a sacar con sus vicios toda la represión que trae adentro. “No sostiene una vida respetuosa con la naturaleza, no va a retirarse para meditar lo que vive en la ciudad, va para olvidarse de lo que vive en la ciudad, esa es la forma genuina del olvido”, afirma el escritor.

Pero a pesar de todo, de saber que la presentaneidad es la afirmación del poder y de que las sociedades poco se detienen a reflexionar sobre la experiencia que es establecer un vínculo entre el pasado y el futuro, Da Jandra concibe un buen momento en la existencia mexicana. “Ahora los chavos se están liberando de las marcas de los tenis, de los pantalones, de la ropa de marca que antes era como una característica de estatus; esta crisis nos ha llevado a acceder a una nueva expresión de superación social no basada en lo que consumen o en lo que producen, sino en su relación con la naturaleza y con el cosmos que es la base divina del ser humano”.

Ahora, Leonardo Da Jandra, el expulsado del paraíso huatulqueño, está más interesado en la vida pero no como gasto de energía, “estoy más centrado en lo que puede sobrevivir de mí, que no es mi obra, sino mi yo interior. Como he estado tantos años en la oscuridad, ahora he salido a airearme tantito, ya salí de la gruta de Platón, de la sombra de las cuevas, ahora estoy recibiendo el soplo vivificador de la luz. A ver si no me chamusco”, comenta divertido.

El peor gobierno

Leonardo Da Jandra cuestiona. Dice que la cultura está fuera de los medios comerciales y que “despreciar la cultura como hace el panismo, no solo por la carga de peligro que tiene -la cultura es lo único que permite a la sociedad reflexionar-, sino también porque la cultura es vista como el enemigo natural”, hace que ante una crisis lo primero a recortar sea la cultura. “No hay dinero para cine, para libros, para encuentros de escritores, no hay dinero para nada”.

También asegura que “estamos en manos del peor gobierno de la historia de México. Lo digo no porque me expulsaron de Cacaluta sino por la miopía, por la necedad, por la cerrazón; antes había una docta ignorancia, ahora es la ignorancia indocta que se regodea en sí misma. Eso es lo que estamos viviendo, todos estos procesos de persecución gratuita contra el narco, meter a la sociedad de rehén de un proyecto político que desde el principio estaba condenado al fracaso, la identidad acosada no diezmada porque la identidad es más fuerte que la ruindad política; un país fragmentado, dividido al interés de una partidocracia ruin; una instantaneidad de la cultura que sufre el embate desde el organismo cultural, todos los proyectos cortados, los festivales se van a pique, no hay dinero para promocionar a editoriales mexicanas. Es un país legal, pero no justo”.

Posted in Artículos on Jan 13, 2016

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